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SAT embarga cuentas de más de 50 empresas petroleras en Campeche; urgen solución por adeudos de Pemex

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En medio de una creciente crisis financiera, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) embargó las cuentas bancarias de más de 50 empresas de servicios petroleros en Campeche, debido a que no cuentan con recursos para saldar sus obligaciones fiscales. El motivo principal es la falta de pago por parte de Petróleos Mexicanos (Pemex), que mantiene adeudos con estas compañías desde hace más de un año.

La diputada Rocío Abreu Artiñano, presidenta de la Comisión de Energía en la Cámara de Diputados, advirtió que esta situación ha generado un círculo vicioso: las empresas no reciben pagos, no pueden cumplir con el SAT, y esto ha derivado en bloqueo de cuentas, impago de sueldos y afectaciones a miles de familias campechanas vinculadas al sector.

Abreu hizo un llamado urgente a la Secretaría de Hacienda para intervenir, y propuso establecer un diálogo directo entre Pemex, el SAT y Hacienda, con el objetivo de desbloquear las cuentas empresariales y normalizar el flujo de recursos.

Paralelamente, desde el Senado, la legisladora Laura Itzel Castillo Juárez respaldó la propuesta de trasladar parte de la deuda de Pemex —equivalente a 101 mil millones de dólares y más de 404 mil millones de pesos con proveedores— al Gobierno federal, lo que permitiría reducir tasas de interés y estabilizar las finanzas de la paraestatal.

Castillo Juárez informó que ya se ha logrado cubrir el 30 % de los adeudos con proveedores, y que se espera saldar el resto durante este año.

La situación plantea una amenaza directa a la estabilidad del sector empresarial petrolero en Campeche, con repercusiones económicas y sociales de gran alcance si no se toman medidas inmediatas.

Nacionales

Sale libre indígena otomí tras más de una década en prisión en Edomex

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Después de más de 12 años, 9 meses y 27 días privado de la libertad, Tomás Gabriel Crisanto, indígena otomí originario de Temoaya, recuperó su libertad tras la aplicación de una amnistía, en un caso marcado por graves violaciones a sus derechos humanos y al debido proceso.

Tomás Gabriel Crisanto fue detenido y posteriormente sentenciado en 2014 a más de 43 años de prisión por el delito de homicidio, permaneciendo recluido en el penal de Santiaguito. Durante su proceso judicial, no contó con un intérprete, a pesar de autoadscribirse como indígena, ni con una defensa adecuada con enfoque intercultural, lo que vulneró de manera directa sus garantías legales.

La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM) acreditó diversas irregularidades, entre ellas la omisión de su contexto de pobreza, marginación y pertenencia indígena, elementos que debieron ser considerados por las autoridades judiciales desde el inicio del proceso. Estas fallas fueron determinantes para que se reconociera la procedencia de la amnistía.

Para lograr su liberación, la familia de Tomás tuvo que cubrir un pago de 660 mil pesos por concepto de reparación del daño. De esta cantidad, 300 mil pesos fueron aportados por el Poder Judicial, mientras que los 360 mil restantes fueron reunidos por su esposa, Carmela Flores, quien se vio obligada a empeñar y vender sus bienes, hasta perder su vivienda, con el objetivo de obtener la libertad de su esposo.

El encarcelamiento injusto dejó secuelas profundas en su familia, incluyendo la muerte de su hija de 26 años, quien estudiaba la carrera de Derecho con la esperanza de algún día poder defender legalmente a su padre. Este hecho fue señalado por colectivos y defensores de derechos humanos como una de las consecuencias más dolorosas del prolongado proceso judicial.

La amnistía se concretó tras **protestas públicas y la presión del colectivo Haz Valer Mi Libertad, así como la intervención de la Sala de Asuntos Indígenas del Poder Judicial del Estado de México, instancia que finalmente hizo efectiva la resolución.

La liberación de Tomás Gabriel Crisanto ocurrió el 17 de febrero de 2026, convirtiéndose en un caso emblemático de justicia tardía, que evidencia la necesidad de fortalecer el acceso a una justicia con perspectiva intercultural y el respeto pleno a los derechos de los pueblos originarios en el sistema judicial mexicano.

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