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La Internacional Villahermosa

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Compras de pánico en Reino Unido por Covid-19

Son ya varias las cadenas de supermercados en donde se han acabado la carne y la leche tras las restricciones internas y externas ante la nueva cepa del covid-19 en ese país.

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Son ya varias las cadenas de supermercados en donde se han acabado la carne y la leche tras las restricciones internas y externas ante la nueva cepa del covid-19 en ese país.

Habitantes del Reino Unido comenzaron a abastecerse en los supermercados debido a las nuevas restricciones impuestas por el gobierno británico, esto luego de la nueva cepa del coronavirus, que ha generado que varios países suspendan vuelos desde y hacia ese país para evitar que la mutación se propague.

Estas nuevas restricciones han comenzado a generar pánico entre la población en una de las semanas de más compras de todo el año.

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“Made in America”: el nuevo decreto de Biden para impulsar producción nacional

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, firmará este lunes una orden ejecutiva que da prioridad a las empresas y productos estadunidenses en los contratos con el gobierno federal, pese al riesgo de crispar con ello a socios comerciales como Canadá, anunciaron los responsables de la nueva administración.

La Ley de Compra de Productos Estadounidenses (‘Buy American Act’) de 1933, todavía en vigor, requiere que las agencias federales den prioridad a la compra de bienes producidos en suelo estadunidense, pero existen numerosas excepciones y oportunidades de exención, como denuncian desde hace tiempo pequeñas y medianas empresas.

Algunos productos son, por ello, registrados con el sello “Fabricado en Estados Unidos”, aunque una mayoría de sus componentes proceden de fuera.

El nuevo decreto, según altos funcionarios de la Casa Blanca, tiene como objetivo impulsar la producción nacional y salvar empleos industriales mediante el aumento de las inversiones en las industrias manufactureras y los trabajadores.

Las nuevas disposiciones podrían irritar, sin embargo, a aliados y socios estratégicos de Estados Unidos como Canadá o los países europeos, que ya estimaban que las disposiciones de esa legislación impedían a sus empresas acceder a ciertas licitaciones del gobierno estadounidense.

Biden señaló, además, que tras cuatro años de una política comercial proteccionista de Trump no es el momento para una liberalización total.

El ministro de asuntos exteriores canadiense ya alertó a Washington contra la disposición, según medios locales.

“Es evidente que si constatamos que la política ‘Buy American’ trae prejuicios a nuestro comercio, lo haremos saber”, afirmó Marc Garneau en CBC.

Garneau dijo que “el presidente Biden indicó que estaba dispuesto a escucharnos siempre que tengamos inquietudes”.

El apoyo a la industria estadunidense no es una sorpresa, era una de las promesas electorales lanzadas por Biden, quien debía seducir al electorado de base de su predecesor.

Menos de una semana después de su investidura, el mandatario demócrata continúa así desarrollando sus prioridades antes incluso de que su equipo de gobierno esté instalado.

Mientras que el secretario de Defensa, Lloyd Austin, fue confirmado el viernes por el Senado, departamentos clave como el de Estado aguardan todavía a sus responsables.

La votación para confirmar a Janet Yellen -la futura secretara del Tesoro que debe pilotar los proyectos económicos, entre ellos el plan de rescate de 1.9 billones de dólares para sacar al país de la crisis- está prevista el lunes.

El decreto de Biden sigue la estela de las medidas tomadas por Trump para impulsar al Estado federal a comprar más productos estadunidenses. Entonces convirtió los derechos de aduana en un arma contra las importaciones, con resultados desiguales.

Pero, en lugar de una guerra comercial con otros países, Biden se enfoca en endurecer las normas del “compre productos estadounidenses”, gracias al poder económico del gobierno federal.

“Los dólares que gasta el gobierno federal son una herramienta poderosa para apoyar a los trabajadores y fabricantes estadunidenses. Solo las adquisiciones públicas representan casi 600 mil millones de dólares de gastos federales”, dijo un funcionario de la administración.

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